La reflexión que planteo a continuación es una interpretación personal tras la lectura de diferentes fuentes, las cuales enlazaré en la parte inferior.

Hablemos de carteles y estereotipos, de nuestros estereotipos, y por qué se han impregnado tanto en nuestro ADN. Qué paso para que solo fuéramos reconocidos por sol, playa y olé.

Si nos fijamos, al principio de los tiempos o, lo que es lo mismo, a principios del siglo XX, la publicidad vivió un surgir dorado en nuestro país donde grandes pintores, como Ramón Casas (1866 – 1932), encontraron en la publicidad un excelente medio donde plasmar su talento y obtener reconocimiento económico y social, esto se tradujo en que la calidad gráfica de los carteles aumentó, produciendo verdaderas obras de arte. España sigue esta corriente a lo largo de los años 20 y durante la II República. No se puede pasar por alto el excelente trabajo publicitario de Rafael Penagos (1889 – 1954) siendo uno de los mejores representantes del estilo Art Decó (aclaremos que la publicidad no tiene porque representar la realidad de un país, pero esa es otra entrada).

Hasta aquí, se podría decir que España va siguiendo las corrientes publicitarias de Europa, sobretodo de Francia. Hay un buen elenco de artistas-cartelistas, la producción nacional de carteles es variada en su temática y conviven diferentes estilos. Parece que todo va siguiendo un curso natural.

Cartel de turismo de Rafael Penagos, con un estilo completamente Art Decó. 1930
Recuperado de: https://arteac.es/rafael-de-penagos/

Ahora, metámonos en terreno pantanoso y vayamos al meollo del asunto: La Guerra Civil Española. Si nos centramos en la historia del diseño gráfico en nuestro país este es el periodo de mayor esplendor del cartel. Nunca se produjo tanto y de tanta calidad como en esos tres años de contienda.

Como en todas las guerras debe haber dos bandos y en este caso fue el bando republicano, a pesar de que fueron los vencidos, los que sobresalieron en el diseño y producción de carteles. Impulsaron las artes gráficas llevándolas a un nuevo nivel creativo y técnico. Encontraron en el cartel el instrumento perfecto de intervención política y acción urbana. En palabras de Enric Satué quizá sea la española la única vanguardia artística que enseguida fue de dominio público, ya que fueron capaces de absorber todas las corrientes del momento: el expresionismo alemán, el fotomontaje más vanguardista, las imágenes surrealistas y la fuerza visual de los carteles de la revolución rusa. La clave está en que por cuestiones ideológicas muchos artistas vieron la necesidad de participar y aportar lo mejor de ellos, su arte. Hay una buena cantera de nombres pero destaco dos: Josep Renau y Jauana Francisca Rubio.

El verdadero movimiento vanguardista y moderno en España estaba impregnado de mensaje político. Traducido en otras palabras, el motor de cambio estaba bajo el estigma del perdedor y toda esa fuerza, esa imagen de una España cultural y contemporánea, se diluyó bajo el yugo del franquismo y una fuerte censura. Todo lo que oliera a nuevo, a lucha y a cultura fue estigmatizado.

Solo por tenerlo en cuenta, hasta el año 1955 no se recuperó el nivel de vida de antes de la guerra, así que el turismo no era para los de aquí.

Cuando finalizó la guerra, en los años 40 la publicidad retrocedió a un estilo anacrónico y menos imaginativo. El cartel se reafirma en un discurso imperialista, católico y ultranacionalista muy acorde a la ideología del vencedor (si nos fijamos en los carteles de guerra del bando sublevado tienen ya este discurso). Se exaltan de manera descarada los estereotipos, manteniendo una estética realista y costumbrista: las flamencas, los toros y tomar el sol en la playa se convirtieron en nuestra mejor carta de presentación. Un buen ejemplo de ello son los carteles de Josep Morell, ilustraciones sencillas pero muy efectivas. Se podría decir que se creó un nuevo discurso sobre el turismo español, un blanqueamiento de imagen, con alusiones a una España bucólica y llena de tradición, donde desapareció el interés por poner en valor el patrimonio cultural.

En resumen, con la ruptura de las vanguardias se volvió a una España de pandereta y sotana y no solo en su representación gráfica. Estos carteles se convirtieron en el referente a seguir. Repitieron sus estructuras y personajes caticistas una y otra vez. Expandiendo el estereotipo de una España anclada al pasado más allá de nuestras fronteras.

Pero no todo va a ser malo, gracias a esto tenemos un maravillo elenco de objetos e imágenes kitsch que forman parte de nuestro universo de souvenir.

Libros y demás por si os interesa el tema:
El cartel turístico en España, Francisco Javier Lázaro Sebastián.
– El cartel en España de Raúl Eguizábal.
– El diseño gráfico en España, Enric Satué.